El técnico salmantino ha protagonizado uno de los movimientos sonados en los banquillos europeos, con su fichaje por el Fulham londinense de la Premier League. El desembarco como entrenador en una liga que el salmantino conoce desde su paso por el Liverpool como jugador supone una oportunidad tremenda de labrarse una carrera en banquillos de élite, después de un bautismo de fuego en un Real Madrid en llamas la temporada pasada, en la que no pudo obtener los resultados en La Liga EA Sports y la Champions League que la entidad deseaba. Según las casas de apuestas, Arbeloa lo tendrá difícil para llevar al Fulham al siguiente nivel, ya que muchos lo sitúan más cerca del descenso que de Europa.
La complicada pretemporada del equipo londinense, con pocos triunfos y sensaciones no demasiado positivas, ha despertado cierta inquietud entre los aficionados cottagers, que han visto como su equipo se afianzaba en la Premier League en los últimos años de la mano del nuevo técnico del Benfica Marco Silva, pero sin llegar a dar el paso definitivo para ser un aspirante sólido y regular a los puestos europeos.
Los primeros compases de Arbeloa en Londres han llegado marcados de cierta polémica, por las decisiones del técnico salmantino en materia de fichajes, que no han estado libres de suspicacias. Hasta la reciente llegada de Charlse Shea, del Southampton, por unos 30 millones de euros, los grandes movimientos del Fulham en el mercado desde la llegada del exentrenador del Real Madrid habían sido pescar en la cantera blanca; fichando a César Palacios, al que Arbeloa dio la alternativa en la parroquia blanca, por unos 10 millones y, de forma especialmente sorprendente, se llevó a Gonzalo García por 40 millones. La sorpresa y las suspicacias no venían por la calidad indudable del jugador, sino por el escaso protagonismo del jugador con Arbeloa en el banquillo madridista, al contrario de lo que había sucedido en los meses que Xabi Alonso había estado en la entidad blanca. La Premier League, que comienza pronto, determinará si fueron movimientos acertados.
Lo mínimo que la parroquia cottager le va a pedir a Arbeloa y su equipo es estar a un nivel parecido al que el quipo tuvo estos últimos años; eso es zona media y no sufrir demasiado por seguir en la Premier League, pero debería ofrecer ese paso extra que Marco Silva no pudo dar en no demasiadas temporadas. Es cierto que los fichajes jóvenes del equipo ofrecen más dudas a corto plazo que a la larga, cuando deberían poder tener un buen crecimiento a medida que sumen minutos y se adapten a la liga inglesa.
Álvaro Arbeloa es el último entrenador español que se une a un equipo de la mejor liga nacional del mundo, donde han triunfado en los últimos tiempos Guardiola, que ha dejado al City tras una década, Iraola, que ha pasado del Bournemouth al Liverpool, y Unai Emery, que sigue brillando con su Aston Villa. Este año, antes de Arbeloa, su predecesor en el banquillo blanco también se unió a un proyecto potente de la Premier League; y es que Xabi Alonso aterrizó en el Chelsea.
La única experiencia de Arbeloa en un banquillo de élite fue en esos meses en el Real Madrid, en los que llegó a cuajar partidos muy interesantes, pero en los que no encontró regularidad y sumó un porcentaje alto de derrotas y de partidos sin ganar. El Fulham vio que era un perfil de entrenador interesante y alrededor del cual podía edificar un proyecto excitante para el club.
La llegada de Arbeloa al Fulham completaba un curioso intercambio triangular de entrenadores; el Real Madrid fichó a Mourinho del Benfica, los lusos, como hemos comentado anteriormente, a Marco Silva del Fulham, y los londinenses pescaron al que era entrenador del Real Madrid.
